viernes, 12 de octubre de 2012

No es que falte amor, es TDA!!!


"No nos soportan". "Nos quieren cambiar". "Están convencidas de que pueden arreglarnos". "Jamás están conformes". Estas son algunas de las frases que salieron en una comida de hombres al hablar de nuestras mujeres. De cómo ellas nos ven y nos evalúan, y nos critican y nos retan, y nos tratan, infructuosamente, de moldear.

No hay caso, las mujeres están convencidas -aunque lo nieguen y renieguen- de que son nuestras madres y que, con paciencia y perseverancia, se saldrán con la suya. Que a ese marido desordenado basta con enseñarle métodos. Que al conviviente olvidadizo hay que ponerle un recordatorio pegado con imanes al refrigerador. Que al novio que no recordó el aniversario de pololeo hay que castigarlo con la indiferencia durante varios días para que no se repita tamaña afrenta. Que el carretero va a sentar cabeza. Ingenuas. Testarudas. Idealistas. Y perdónenme, también un poco giles.

Lean bien y grábense estas palabras: sí, los hombres cambiamos, pero sólo para peor. Nos ponemos más neuróticos, más dispersos, más mañosos, más gordos y más pelados. Así de simple. Y lean otra cosa: muchos hombres sufrimos de un problema que nos afecta básicamente a nosotros -entre adultos, tres de cuatro casos son hombres- y que se llama trastorno de déficit atencional (TDA). Algo que según el New York Times "aumenta 60% el estrés en las parejas y eleva los divorcios al doble".  Y, he aquí algo importantísimo: muchas de las cosas que hacemos o dejamos de hacer, y que las irritan y quisieran modificar, no tienen nada que ver con la falta de cariño.

"No es que sean perezosos o no amen a su pareja, sino que se distraen. Pero cuando se ignora que el problema son las distracciones, la pareja piensa que se trata de desinterés y comienza a juntar bronca y resentimiento". Eso lo explica Melissa Orlov, autora de El efecto del TDAH en el matrimonio (la H es por hiperactividad, una letra más que equivale a más conflicto). Básicamente, cuando hablamos de este mal, hablamos de síntomas como distracción, desorganización, descuido y olvidos, que se malinterpretan como flojera, egoísmo y falta de sentimientos, así como de preocupación por el otro.

Eso, sumado a que el tipo con TDA no nota en lo más mínimo que está cometiendo errores ni comprende la molestia de su pareja. Si ya somos normalmente desordenados, olvidadizos, volados e incapaces de hacer más de una cosa a la vez, con TDA somos aún peores. Pero no es de malos. Es de hombres. De haber nacido con más testosterona que oxitocina. De tener nuez de Adán, pelos en la espalda, voz más ronca y actitudes más agresivas. De tener más fuerza física pero ser más débiles, morirnos antes que ustedes, empezar a amar de verdad a nuestros hijos recién después del destete, ser adictos al fútbol y a la cerveza amarga. Hombres. Con H. Otro sexo. Otro paradigma. Otra escuela. Otra cosa. Peor, mejor, lo que sea…pero distinta. ¿Se dan cuenta?

En vez de esperar peras del olmo, de seguir pensando que él puede ser un Ken, el príncipe perfecto salido de esa fábrica de lavado de cerebros llamada Disney, mejor leer un poco de sicología, comprar un par de libros que cuentan la verdad acerca de nuestras diferencias neurológicas y entender que lo que hay es lo que hay. Baja expectativa + mucha realidad = desilusión tendiente a cero. Por eso, además, mucho mejor emparejarse tarde. Cuanto más viejo es uno, más curtido está y más costalazos se ha pegado. Y quien más camino ha recorrido, posiblemente asume que la gente es lo que es. Ni más ni menos.

Si tenemos una vida interesante, una pega que nos gusta, un par de buenos amigos y algún hobby, aumentan las posibilidades de dejar de cargarle la mano al otro, tratando de que calce en el molde de pareja perfecta. La idea es que el partner aporte, pero desde lo que es, no desde su "potencial", palabra que le encanta a las féminas. Basta de apostar por el tipo que te rescate del abismo, te devuelva la autoestima, le dé sentido a tu existencia o te permita respirar. Algo que no es monopolio femenino, pero que, revisitando las cifras del TDA, las ataca a ustedes señoritas en una proporción de 4 a 1. T